Tú te has empeñado en buscarme
sin bombonas, a pulmón,
agua adentro una y otra,
día tras día y ni rastro..
Primero en el muelle,
con caña vulgar y paciencia
mucha paciencia,
y luego las redes, los barcos
y otros métodos sofisticados
que fuiste escogiendo
según los fracasos
y así uno por uno,
todos los charcos
las aguas pantanosas y los mares
que fueron allanados
en mi busca
te parecieron insuficientes
y seguías queriendo más,
sin importar las pérdidas
y las bajas.
-y da igual por más velero
o por más yate
que intentaras,
por más técnica avanzada:
yo nunca fui pez de orilla.
Hubieras necesitado un leviatán.
domingo, 5 de julio de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
N18
Ellos pasan por el Puente de los Franceses
igual que por Atocha,
van al manzanares,
patinan, ríen, cantan, fuman,
vuelven a su hogar
transeúntes, subterráneos,
tal vez en la línea verde o la marrón.
Yo paso por Cuatro Vientos
y sólo veo el frente,
el Puente de los Franceses,
mamita mía y los milicianos.
Tal vez yo también vuelva a mi hogar,
si lo tuviera,
antes de que el metro abra
y bajaré hasta Cibeles
para coger el N18 hasta Casa de Campo.
Ellos no lo saben,
en la Casa de Campo, mamita mía,
montamos un muro.
Yo miro al Manzanares
con ojos de Vicente Rojo
y al metro como
refugio antiaéreo.
No veo al Ateneo como una reliquia,
aún no he enterrado a mis muertos,
cuando paso por ventas
siempre me acuerdo de Victoria Kent.
Y así siempre en las travesías,
voy a Valencia y veo las colas zarpando al exilio
y los cuadros del Prado.
Muchas veces he estado en Plaza Cataluña
y nunca pienso en el Hard Rock Café
ni en las floristerías
sino en la Telefónica
y en García Oliver.
Ellos no lo saben, mamita mía,
bailan, juegan, hacen turismo
los hijos del siglo XXI
sobre la última capa de tierra
del castillo de Montjuic,
velan a sus muertos
en el Cementerio del Este,
que ahora es mucho más grande que entonces,
y pasean por las calles céntricas
mientras yo me disuelvo en ellas
y me vuelvo invisible
como Federico Sánchez.
Cuando me ves ahí,
entre ellos,
disfrutando el atardecer, aparentemente,
con la mirada perdida entre el Manzanares
y mis papeles, no estoy pintando un cuadro,
estoy trazando planos y vendettas,
apurando los últimos minutos como Miaja,
cubriendo puntos débiles y anotando bajas.
Ellos no lo saben: cuarenta años de paz
no son nada,
pero hay quien tiene memoria de elefante.
Yo lo intuyo,
las tragedias se repiten,
las tragedias se repiten como tragedias,
por eso, cada vez que paso
por el Puente de los Franceses
me pongo triste.
igual que por Atocha,
van al manzanares,
patinan, ríen, cantan, fuman,
vuelven a su hogar
transeúntes, subterráneos,
tal vez en la línea verde o la marrón.
Yo paso por Cuatro Vientos
y sólo veo el frente,
el Puente de los Franceses,
mamita mía y los milicianos.
Tal vez yo también vuelva a mi hogar,
si lo tuviera,
antes de que el metro abra
y bajaré hasta Cibeles
para coger el N18 hasta Casa de Campo.
Ellos no lo saben,
en la Casa de Campo, mamita mía,
montamos un muro.
Yo miro al Manzanares
con ojos de Vicente Rojo
y al metro como
refugio antiaéreo.
No veo al Ateneo como una reliquia,
aún no he enterrado a mis muertos,
cuando paso por ventas
siempre me acuerdo de Victoria Kent.
Y así siempre en las travesías,
voy a Valencia y veo las colas zarpando al exilio
y los cuadros del Prado.
Muchas veces he estado en Plaza Cataluña
y nunca pienso en el Hard Rock Café
ni en las floristerías
sino en la Telefónica
y en García Oliver.
Ellos no lo saben, mamita mía,
bailan, juegan, hacen turismo
los hijos del siglo XXI
sobre la última capa de tierra
del castillo de Montjuic,
velan a sus muertos
en el Cementerio del Este,
que ahora es mucho más grande que entonces,
y pasean por las calles céntricas
mientras yo me disuelvo en ellas
y me vuelvo invisible
como Federico Sánchez.
Cuando me ves ahí,
entre ellos,
disfrutando el atardecer, aparentemente,
con la mirada perdida entre el Manzanares
y mis papeles, no estoy pintando un cuadro,
estoy trazando planos y vendettas,
apurando los últimos minutos como Miaja,
cubriendo puntos débiles y anotando bajas.
Ellos no lo saben: cuarenta años de paz
no son nada,
pero hay quien tiene memoria de elefante.
Yo lo intuyo,
las tragedias se repiten,
las tragedias se repiten como tragedias,
por eso, cada vez que paso
por el Puente de los Franceses
me pongo triste.
martes, 30 de diciembre de 2014
Hojita de Menta
A Anabel
Nosotras siempre hemos sido
lo que nunca seremos.
Hemos vaciado la copa
y esputado los restos,
hemos visto a la mediocridad
vestirse de hegemonía,
hemos mirado con los ojos soberbios,
perdonavidas,
y les hemos perdonado,
y es algo que jamás nos perdonarán.
Hojita de Menta, Hojita de Menta,
nos columpiamos en la ignorancia,
creímos en el conocimiento
en perjuicio del status quo,
elegimos la epopeya como Aquiles,
elegimos la manzana,
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
Nosotras fuimos
de costumbres prehistóricas,
de leer junto al fuego
el arrabal y la vanguardia,
los textos sagrados y las fisuras,
eruditas hasta la arcada,
sabiondas, repelentes
hasta la médula.
Fuimos un mucho de puta
y un poco de monja,
demasiado humanas para endiosarnos,
demasiada idea para tan poca carne,
fuimos tan del sur que le dimos la vuelta,
fuimos tan incógnitas
que ni nosotras mismas
sabíamos muy bien y por si acaso
el revólver.
"Lo importante no es ser muy listo
sino ser buena persona",
decía mi madre y después dirías tú
más mentirosa que nunca.
Nosotras quizá no éramos tan listas
pero ni mucho menos buenas personas.
Nosotras no éramos personas
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
Nosotras éramos los idus de marzo,
la conjura, la disidencia,
la disidencia siempre,
fuera cual fuera el autor
o el imperio,
nosotras éramos un blanco perfecto,
la plebe enardecida pedía crucificados
y ahí nosotras, veníamos a dárselos
con los brazos abiertos,
alguien tenía que profanar toda esa mierda.
No eran tiempos fáciles
para nadie,
para nosotras fue como matarnos,
como la flecha en el talón,
el comienzo del nuevo siglo
y la vuelta a la Pangea.
Los humanos se reubicaban y
corrían a por los dólares despavoridos.
Los empresarios promovían reformas laborales
y los gobiernos legalizaban la esclavitud.
Y en medio de todo esto
me dices que te vas,
y te vas,
y me dejas aquí con los planos sin acabar,
con los apuntes de filósofos
que dicen cosas de esas que te gustan,
y la palabra en la boca.
Eso es lo de menos.
Lo demás es cargar yo sola
con todas esas dudas
existenciales, tripipoéticas,estrafalarias,
y escucharte contradecirme y aconsejarme
por donde quiera que vaya, como una voz en off,
como un fantasma.
Dos locas siempre son menos locura
que una sola loca,
dos locas es algo más normal,
pero ¿Una loca sola vaciando la copa
y esputando los restos,
escuchando voces
y clamando al cielo,
leyendo a Deleuze
sin que tú me lo expliques
y mentándote por ahí
como una aparición?
Eso si que no.
Eso es algo que jamás te perdonaré.
Nosotras siempre hemos sido
lo que nunca seremos.
Hemos vaciado la copa
y esputado los restos,
hemos visto a la mediocridad
vestirse de hegemonía,
hemos mirado con los ojos soberbios,
perdonavidas,
y les hemos perdonado,
y es algo que jamás nos perdonarán.
Hojita de Menta, Hojita de Menta,
nos columpiamos en la ignorancia,
creímos en el conocimiento
en perjuicio del status quo,
elegimos la epopeya como Aquiles,
elegimos la manzana,
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
Nosotras fuimos
de costumbres prehistóricas,
de leer junto al fuego
el arrabal y la vanguardia,
los textos sagrados y las fisuras,
eruditas hasta la arcada,
sabiondas, repelentes
hasta la médula.
Fuimos un mucho de puta
y un poco de monja,
demasiado humanas para endiosarnos,
demasiada idea para tan poca carne,
fuimos tan del sur que le dimos la vuelta,
fuimos tan incógnitas
que ni nosotras mismas
sabíamos muy bien y por si acaso
el revólver.
"Lo importante no es ser muy listo
sino ser buena persona",
decía mi madre y después dirías tú
más mentirosa que nunca.
Nosotras quizá no éramos tan listas
pero ni mucho menos buenas personas.
Nosotras no éramos personas
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
Nosotras éramos los idus de marzo,
la conjura, la disidencia,
la disidencia siempre,
fuera cual fuera el autor
o el imperio,
nosotras éramos un blanco perfecto,
la plebe enardecida pedía crucificados
y ahí nosotras, veníamos a dárselos
con los brazos abiertos,
alguien tenía que profanar toda esa mierda.
No eran tiempos fáciles
para nadie,
para nosotras fue como matarnos,
como la flecha en el talón,
el comienzo del nuevo siglo
y la vuelta a la Pangea.
Los humanos se reubicaban y
corrían a por los dólares despavoridos.
Los empresarios promovían reformas laborales
y los gobiernos legalizaban la esclavitud.
Y en medio de todo esto
me dices que te vas,
y te vas,
y me dejas aquí con los planos sin acabar,
con los apuntes de filósofos
que dicen cosas de esas que te gustan,
y la palabra en la boca.
Eso es lo de menos.
Lo demás es cargar yo sola
con todas esas dudas
existenciales, tripipoéticas,estrafalarias,
y escucharte contradecirme y aconsejarme
por donde quiera que vaya, como una voz en off,
como un fantasma.
Dos locas siempre son menos locura
que una sola loca,
dos locas es algo más normal,
pero ¿Una loca sola vaciando la copa
y esputando los restos,
escuchando voces
y clamando al cielo,
leyendo a Deleuze
sin que tú me lo expliques
y mentándote por ahí
como una aparición?
Eso si que no.
Eso es algo que jamás te perdonaré.
domingo, 14 de diciembre de 2014
El café y el opio
Reivindico la contradicción,
reivindico la dualidad,
el café y el opio.
Hubiera sido demasiado
fácil
encomendarme a un dogma.
Reivindico la duda y la mala cabeza,
el doble rasero
ejerzo de abogada del diablo,
no me salen las cuentas
y me las invento.
A favor del cansancio
y del descanso.
A favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos.*
En contra de la moral autoimpuesta,
de la ceguera autoimpuesta
y autocomplaciente.
En contra de la verdad y de la mentira,
en contra de valores absolutos,
a favor de la imaginación
que es un término medio.
A favor de la crueldad de los niños,
del desconcierto,
del limbo.
A dónde vamos a ir,
todos los que como yo,
ahora que el Papa
ha cerrado sus puertas.
Al infierno seguro,
no habrá amnistía
para los herejes.
A favor de lo miserable
y de lo heroico,
del carácter poco práctico
de la condición humana.
A favor de los escombros
y la muerte,
la destrucción y el nacimiento
de nuevas leyes
para incumplirlas.
Reivindico la paz
y la guerra,
la mano dura y la indulgencia,
el fuego, la rueda y la neurociencia,
el vacío y la plenitud,
las recaídas.
Reivindico el miedo
con valentía,
enarbolo banderas
a conveniencia,
me lavo las manos.
A favor del ansia
y de la prisa,
a favor de la impuntualidad,
entiendo la libertad
de otra manera.
En contra de la democracia
y la dictadura, de la anarquía
y el liderazgo, de la organización
y el desorden,
en contra y a favor
de nuestro tiempo.
Reivindico la prudencia
y el libertinaje,
lo salvaje y lo analítico
de la condición humana.
El error y la derrota,
la victoria estratégica,
los principios infranqueables
y la ambigüedad.
Todo eso traigo,
albergo multitudes,
cuántos kilos quieres,
ahora dime tú.
Háblame de tu doctrina
y de la ilegalidad
de mis palabras.
*Versos de Jesús Munárriz, "Manifiesto", en Joven poesía española, Ed. Cátedra, 1987
reivindico la dualidad,
el café y el opio.
Hubiera sido demasiado
fácil
encomendarme a un dogma.
Reivindico la duda y la mala cabeza,
el doble rasero
ejerzo de abogada del diablo,
no me salen las cuentas
y me las invento.
A favor del cansancio
y del descanso.
A favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos.*
En contra de la moral autoimpuesta,
de la ceguera autoimpuesta
y autocomplaciente.
En contra de la verdad y de la mentira,
en contra de valores absolutos,
a favor de la imaginación
que es un término medio.
A favor de la crueldad de los niños,
del desconcierto,
del limbo.
A dónde vamos a ir,
todos los que como yo,
ahora que el Papa
ha cerrado sus puertas.
Al infierno seguro,
no habrá amnistía
para los herejes.
A favor de lo miserable
y de lo heroico,
del carácter poco práctico
de la condición humana.
A favor de los escombros
y la muerte,
la destrucción y el nacimiento
de nuevas leyes
para incumplirlas.
Reivindico la paz
y la guerra,
la mano dura y la indulgencia,
el fuego, la rueda y la neurociencia,
el vacío y la plenitud,
las recaídas.
Reivindico el miedo
con valentía,
enarbolo banderas
a conveniencia,
me lavo las manos.
A favor del ansia
y de la prisa,
a favor de la impuntualidad,
entiendo la libertad
de otra manera.
En contra de la democracia
y la dictadura, de la anarquía
y el liderazgo, de la organización
y el desorden,
en contra y a favor
de nuestro tiempo.
Reivindico la prudencia
y el libertinaje,
lo salvaje y lo analítico
de la condición humana.
El error y la derrota,
la victoria estratégica,
los principios infranqueables
y la ambigüedad.
Todo eso traigo,
albergo multitudes,
cuántos kilos quieres,
ahora dime tú.
Háblame de tu doctrina
y de la ilegalidad
de mis palabras.
*Versos de Jesús Munárriz, "Manifiesto", en Joven poesía española, Ed. Cátedra, 1987
jueves, 11 de diciembre de 2014
El par de dos
Estoy buscándola,
la metáfora,
pero sé donde está,
sé muy bien
donde se esconde
la hija de puta.
La estoy buscando pero
no pienso ir a por ella,
que venga ella si quiere.
Que seguro que quiere.
Seguro que viene vestida
de otras a venderme motos
y becerros dorados,
a ofrecerme harenes babilónicos
y banquetes romanos
y lápida de mármol en Poblenou,
como hace siempre.
Ojalá tuviera una musa normal,
como las demás,
una belleza armónica,
un canto a la esperanza.
Pero la mía no,
la mía nunca,
la mía insurgente y talibana
de "el verso o la vida"
"el discurso o la vida"
"el partido o la vida"
que así nunca llegarás
ningún sitio,
(viva al menos)
será mejor que la mates,
me dicen todos.
¡Vaya dúo!
La escritora incendiaria
de los ojos de vengalas
y la musa de los achaques histéricos,
el par de dos,
el hambre y las ganas de comer
sin ganas.
La gente me lo murmura:
Te acabará devorando.
Y es cierto, tampoco soy ciega,
veo y asumo como me devora
paulatinamente y me dejo deshacer
en ese proceso dulce y onírico,
me dejo desaparecer bajo su mandato
y ya no sé cuando habla ella
ni cuando hablo yo,
si es que no hablamos a la vez
y nos declaramos la guerra
y recogemos las víctimas
que se quedan esparcidas
por toda mi cabeza.
Tengo que deshacerme de ella.
Lo tengo ya escrito:
"El verso o la vida"
"El verso o la vida"
Elegí la vida my darling.
Elegí la vida y también elegí el arma,
me dolerá más que a ella la pérdida.
Le acabaré construyendo un panteón en Poblenou.
la metáfora,
pero sé donde está,
sé muy bien
donde se esconde
la hija de puta.
La estoy buscando pero
no pienso ir a por ella,
que venga ella si quiere.
Que seguro que quiere.
Seguro que viene vestida
de otras a venderme motos
y becerros dorados,
a ofrecerme harenes babilónicos
y banquetes romanos
y lápida de mármol en Poblenou,
como hace siempre.
Ojalá tuviera una musa normal,
como las demás,
una belleza armónica,
un canto a la esperanza.
Pero la mía no,
la mía nunca,
la mía insurgente y talibana
de "el verso o la vida"
"el discurso o la vida"
"el partido o la vida"
que así nunca llegarás
ningún sitio,
(viva al menos)
será mejor que la mates,
me dicen todos.
¡Vaya dúo!
La escritora incendiaria
de los ojos de vengalas
y la musa de los achaques histéricos,
el par de dos,
el hambre y las ganas de comer
sin ganas.
La gente me lo murmura:
Te acabará devorando.
Y es cierto, tampoco soy ciega,
veo y asumo como me devora
paulatinamente y me dejo deshacer
en ese proceso dulce y onírico,
me dejo desaparecer bajo su mandato
y ya no sé cuando habla ella
ni cuando hablo yo,
si es que no hablamos a la vez
y nos declaramos la guerra
y recogemos las víctimas
que se quedan esparcidas
por toda mi cabeza.
Tengo que deshacerme de ella.
Lo tengo ya escrito:
"El verso o la vida"
"El verso o la vida"
Elegí la vida my darling.
Elegí la vida y también elegí el arma,
me dolerá más que a ella la pérdida.
Le acabaré construyendo un panteón en Poblenou.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Gnsis II
Ahí mismo,
en ese escenario se gestaron las armas biológicas
y la torre de Babel y otros motines.
Y qué gustito la arrogancia, qué gustito el desafío,
el privilegio de haber inventado el pecado,
era necesario,
era algo que había que inventar.
Moisés bajó con sus tablas
y trajo la ley, y dos minutos,
dos minutos tardaron ellos en traer
la trampa y el estraperlo,
en idear las maneras para esquivar la represalia
que caía con todo su peso
sobre el atentado de la curiosidad.
Sólo Pandora hubiera abierto esa caja
y ella era pandorísima,
y gustaba desatar Troyas e hipogrifos
y albergar batallas en su cuerpo,
y las cicatrices, le gustaban las cicatrices
porque siempre tuvo mala memoria.
Sólo Antígona se hubiera atrevido
a enterrar a ese muerto.
A su propia eutanasia.
Pero ella estaba en todos los entierros,
y todas las misas llevaban su nombre.
En todos los bombardeos estaba
y todas las bombas llevaban su nombre
y las palabras de su boca,
como octavillas desde el avión
arengaban a los civiles
a unirse a la rebeldía.
Allá donde ella, maniobras.
Nunca descanso, nunca paz,
siempre alerta, con un ojo abierto,
el castigo divino no se puede esquivar,
sólo aplazarlo,
contar otra luna, como Sherezade,
apuntarse el tanto,
apuntarse tal vez, otra cicatriz.
Mientras tanto:
Bienvenidos Luciferes,
Magdalenas y bandidos comunes,
fundaremos el club de los perseguidos infames
celebraremos el triunfo de la comuna
seremos el “watchmen” de los desertores.
Seremos la prueba de la mala cabeza,
de esta especie de dictadura anárquica
de todos los delirios de grandeza del hombre
y esta suerte de condición vampírica.
Seremos el bufón y la vergüenza,
el pasto, del que se alimentan las vacas,
que alimentan al sirviente
del pariente del tío que escribe la historia.
Pero solo así seremos libres.
Solo así.
Seremos libres.
en ese escenario se gestaron las armas biológicas
y la torre de Babel y otros motines.
Y qué gustito la arrogancia, qué gustito el desafío,
el privilegio de haber inventado el pecado,
era necesario,
era algo que había que inventar.
Moisés bajó con sus tablas
y trajo la ley, y dos minutos,
dos minutos tardaron ellos en traer
la trampa y el estraperlo,
en idear las maneras para esquivar la represalia
que caía con todo su peso
sobre el atentado de la curiosidad.
Sólo Pandora hubiera abierto esa caja
y ella era pandorísima,
y gustaba desatar Troyas e hipogrifos
y albergar batallas en su cuerpo,
y las cicatrices, le gustaban las cicatrices
porque siempre tuvo mala memoria.
Sólo Antígona se hubiera atrevido
a enterrar a ese muerto.
A su propia eutanasia.
Pero ella estaba en todos los entierros,
y todas las misas llevaban su nombre.
En todos los bombardeos estaba
y todas las bombas llevaban su nombre
y las palabras de su boca,
como octavillas desde el avión
arengaban a los civiles
a unirse a la rebeldía.
Allá donde ella, maniobras.
Nunca descanso, nunca paz,
siempre alerta, con un ojo abierto,
el castigo divino no se puede esquivar,
sólo aplazarlo,
contar otra luna, como Sherezade,
apuntarse el tanto,
apuntarse tal vez, otra cicatriz.
Mientras tanto:
Bienvenidos Luciferes,
Magdalenas y bandidos comunes,
fundaremos el club de los perseguidos infames
celebraremos el triunfo de la comuna
seremos el “watchmen” de los desertores.
Seremos la prueba de la mala cabeza,
de esta especie de dictadura anárquica
de todos los delirios de grandeza del hombre
y esta suerte de condición vampírica.
Seremos el bufón y la vergüenza,
el pasto, del que se alimentan las vacas,
que alimentan al sirviente
del pariente del tío que escribe la historia.
Pero solo así seremos libres.
Solo así.
Seremos libres.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Diagnóstico II
Es que es así,
muy aleatorio.
Que lo mismo un día
me da por hacer escombros
de los valles perdidos
y las plantas: nucleares.
Y al otro quiero primaveras
y engendro los pétalos
y riego los campos
con semillas
de cacao
y tempus fugit.
Y al otro el diluvio
y las siete plagas,
y avalanchas en Alaska
y sequías en el cuerno
y al cuerno esta pretensión estúpida,
engreída, ésta y todas las milongas
inventadas por el hombre
y sus secuaces.
Hasta dónde va a llegar tu vanidad,
hasta qué mítines.
Cuántos más supuestos y efigies
te quedan por sacralizar hasta el vómito.
Cuántos altares me harás derribarte
y cuántas más mentiras
autocomplacientes
irás predicando
mientras se despeñan todas
desde el monte Taigeto
y yo miro de lejos.
Tan de lejos que no veo nada
más que estos cambios
que apenas se sostienen
sobre el papel.
Los otros están ahí fuera
inventando cosas, teorías y tesis
que no sirven para nada
y yo miro de lejos.
Yo sólo miro de lejos
y si acaso, me dejo caer
de cuando en cuando
algunas evidencias que tampoco
sirven para nada pero dicen:
La escritura es una labor
de pretenciosos redomados
bibliotecos y lumbreras
¡Que a dónde van profetizando qué cegueras!
qué visiones y arrebatos que se tercien.
La escritura no esculpe.
La escritura no tiene nada que hacer
contra el granito, el hormigón y el mármol.
La historia está hecha de granito, hormigón y mármol.
Y sangre
La escritura no tiene nada que hacer
contra la sangre.
Aunque a veces lo parezca,
aunque a veces quiera parecer sangre
y regar las arterias,
y desahogar, desalojar las pérdidas
y quebrar,
quebrar el granito el hormigón y el mármol,
Papel gana a Piedra.
Ya nunca más cimientos,
ya nunca más murallas
que romper en mil pedazos.
Ya sólo yo para romperme en mil pedazos,
como si eso,
sirviera para otra cosa
que no fuera
tener
que volver
a nacer
de las cenizas.
mañana.
Mañana ya se verá
en qué páramos,
que un día de Greenpeace y otro de la OTAN,
unas con Caín y otras con Abel,
que tú mucho de esto pero poco de lo otro,
y mírate,
siempre te acabas convirtiendo
en lo que una vez odiaste,
a eso se le llama progresar.
Todos
como pollo sin cabeza
ocupando sus púlpitos,
sentando sus cátedras
y blandiendo sus escudos
se empeñan en controlarlo.
Pero es todo muy aleatorio.
Demasiado aleatorio.
No sé,
esa es mi hipótesis.
muy aleatorio.
Que lo mismo un día
me da por hacer escombros
de los valles perdidos
y las plantas: nucleares.
Y al otro quiero primaveras
y engendro los pétalos
y riego los campos
con semillas
de cacao
y tempus fugit.
Y al otro el diluvio
y las siete plagas,
y avalanchas en Alaska
y sequías en el cuerno
y al cuerno esta pretensión estúpida,
engreída, ésta y todas las milongas
inventadas por el hombre
y sus secuaces.
Hasta dónde va a llegar tu vanidad,
hasta qué mítines.
Cuántos más supuestos y efigies
te quedan por sacralizar hasta el vómito.
Cuántos altares me harás derribarte
y cuántas más mentiras
autocomplacientes
irás predicando
mientras se despeñan todas
desde el monte Taigeto
y yo miro de lejos.
Tan de lejos que no veo nada
más que estos cambios
que apenas se sostienen
sobre el papel.
Los otros están ahí fuera
inventando cosas, teorías y tesis
que no sirven para nada
y yo miro de lejos.
Yo sólo miro de lejos
y si acaso, me dejo caer
de cuando en cuando
algunas evidencias que tampoco
sirven para nada pero dicen:
La escritura es una labor
de pretenciosos redomados
bibliotecos y lumbreras
¡Que a dónde van profetizando qué cegueras!
qué visiones y arrebatos que se tercien.
La escritura no esculpe.
La escritura no tiene nada que hacer
contra el granito, el hormigón y el mármol.
La historia está hecha de granito, hormigón y mármol.
Y sangre
La escritura no tiene nada que hacer
contra la sangre.
Aunque a veces lo parezca,
aunque a veces quiera parecer sangre
y regar las arterias,
y desahogar, desalojar las pérdidas
y quebrar,
quebrar el granito el hormigón y el mármol,
Papel gana a Piedra.
Ya nunca más cimientos,
ya nunca más murallas
que romper en mil pedazos.
Ya sólo yo para romperme en mil pedazos,
como si eso,
sirviera para otra cosa
que no fuera
tener
que volver
a nacer
de las cenizas.
mañana.
Mañana ya se verá
en qué páramos,
que un día de Greenpeace y otro de la OTAN,
unas con Caín y otras con Abel,
que tú mucho de esto pero poco de lo otro,
y mírate,
siempre te acabas convirtiendo
en lo que una vez odiaste,
a eso se le llama progresar.
Todos
como pollo sin cabeza
ocupando sus púlpitos,
sentando sus cátedras
y blandiendo sus escudos
se empeñan en controlarlo.
Pero es todo muy aleatorio.
Demasiado aleatorio.
No sé,
esa es mi hipótesis.
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